En Junio comenzaron a llegar a la costa de la Patagonia. Este es un buen momento para informarse sobre el avistaje y tal vez decidirse a viajar y ver las ballenas en Puerto Pirámides.
Al subirse a una de estas lanchas o gomones, llama la atención enseguida la cantidad de extranjeros a bordo. Es que hacer esta excursión de una hora puede ser una de las experiencias mas incomparables que existen. La Península y la magia de las ballenas atraen a turistas de todo el mundo y todos quieren vivir esa experiencia inolvidable de acercarse a una de ellas.
Es ideal hacer esta visita entre Septiembre y Diciembre. En esa época el número de ballenas es grande y las posibilidades de avistaje rápido es mayor. Pero aún a fines de Diciembre es posible tener la suerte de encontrar algún espécimen rezagado.
Se sale del pequeño puerto. La embarcación se llena de aventureros vestidos en los impermeables que la empresa facilita para mantenerse secos, arriba de los cuales todos deben colocarse el obligatorio salvavidas. Todo está muy organizado, uno se siente seguro.
Se arriba hasta donde está la ballena luego de navegar un tiempo y distancia que depende de la época del año, generalmente no más de 15 minutos. Los capitanes intercambian información y así saben donde están las ballenas cada día.
Entonces se apaga el motor de la embarcación, para no molestarlas, y por unos momentos parece sólo existir la naturaleza. Ahí nomás, al alcance de la mano, asoma su piel. Y viendo más allá, se observa que el largo de la ballena sobrepasa al de la lancha. Es imponente. De vez en cuando emite algún sonido, que acompaña el soplido del viento en esta parte del mar. Y el cielo y a lo lejos, los acantilados, enmarcan esta escena.
Si tenemos suerte (y nadie puede garantizar que esto sucederá en nuestro avistaje) la ballena saltará, mostrando gran parte de su enorme cuerpo fuera del agua elevando su masa en un gesto que por lo elegante parece desafiar la gravedad, o elevará su cola regalándonos las clásica fotografía.
Claro, los clicks de las cámaras fotográficas no dejan de sonar, ni los comentarios asombrados y el movimiento de los pasajeros que buscan el mejor lugar para no perderse un detalle. El capitán y los ayudantes asisten a los turistas, organizando el movimiento de gente para que nadie se quede sin ver y dando explicaciones.
El avistaje de ballenas dura 45 minutos, ese tiempo está regulado para evitar molestar a los animales y maximizar el número de personas que pueden hacer la travesía cada día. Esos minutos en el medio del golfo, serán inolvidables.
Es ideal hacer esta visita entre Septiembre y Diciembre. En esa época el número de ballenas es grande y las posibilidades de avistaje rápido es mayor. Pero aún a fines de Diciembre es posible tener la suerte de encontrar algún espécimen rezagado.
Se sale del pequeño puerto. La embarcación se llena de aventureros vestidos en los impermeables que la empresa facilita para mantenerse secos, arriba de los cuales todos deben colocarse el obligatorio salvavidas. Todo está muy organizado, uno se siente seguro.
Se arriba hasta donde está la ballena luego de navegar un tiempo y distancia que depende de la época del año, generalmente no más de 15 minutos. Los capitanes intercambian información y así saben donde están las ballenas cada día.
Entonces se apaga el motor de la embarcación, para no molestarlas, y por unos momentos parece sólo existir la naturaleza. Ahí nomás, al alcance de la mano, asoma su piel. Y viendo más allá, se observa que el largo de la ballena sobrepasa al de la lancha. Es imponente. De vez en cuando emite algún sonido, que acompaña el soplido del viento en esta parte del mar. Y el cielo y a lo lejos, los acantilados, enmarcan esta escena.
Si tenemos suerte (y nadie puede garantizar que esto sucederá en nuestro avistaje) la ballena saltará, mostrando gran parte de su enorme cuerpo fuera del agua elevando su masa en un gesto que por lo elegante parece desafiar la gravedad, o elevará su cola regalándonos las clásica fotografía.
Claro, los clicks de las cámaras fotográficas no dejan de sonar, ni los comentarios asombrados y el movimiento de los pasajeros que buscan el mejor lugar para no perderse un detalle. El capitán y los ayudantes asisten a los turistas, organizando el movimiento de gente para que nadie se quede sin ver y dando explicaciones.
El avistaje de ballenas dura 45 minutos, ese tiempo está regulado para evitar molestar a los animales y maximizar el número de personas que pueden hacer la travesía cada día. Esos minutos en el medio del golfo, serán inolvidables.


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